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Gema Margo

Gema Margo

Irresistible perfume

En mi post EL OLFATO, UN SENTIDO MUY SENSUAL consigné con entusiasmo el tronío que ocupa el olfato entre nuestros sentidos sensoriales. Desde allí preside el olimpo sensorial coronado de laureles.

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   Recordaré a su favor que se trata del sentido más primitivo y sofisticado, el que conecta directamente con el cerebro, virtudes que sin embargo se han demostrado inservibles a la hora de responder cabalmente a cuestiones tan poéticas como “¿a qué huelen los sueños…, la risa…, la música…, las nubes…, ¡las cosas que no huelen!?”, aquel pseudo-interrogatorio lanzado varios años atrás desde una marca de compresas contra nuestra perpleja nariz.

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Desentrañar estas metafísicas cuestiones sólo habría sido posible de la inspirada y literaria mano -quiero decir, nariz- de Jean Baptiste Grenouille, el turbador protagonista de El Perfume, (Patrick Süskind, 1997), cuyo talento olfativo habría sido capaz de calibrar y destilar con precisión sus correspondientes notas de salida, corazón y fondo, pormenores indispensables en toda fragancia comme il faut.

Para compensar este lamentable vacío literario y hallar la respuesta más aproximada, sólo cabría rastrear entre alguno de los 250 aromas que ofrece una particular torre de Babel olfativa, Demeterfragance.

La puedes encontrar incluida dentro de www.fragrantica.es, que hace de éstas y otras intangibles cuestiones -¡el olor a ropa recién lavada, a lluvia…! – la fuente de inspiración de sus productos, eso sin despreciar otras mucho más tangibles, léase champiñón, neumático o galleta, ¿o acaso alguien habló de poner límites a la imaginación?

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   He aquí, pues, la segunda oportunidad para agradecer a nuestro apéndice nasal los momentos de deleite y satisfacción que nos prodiga cada día: aspirar la fragancia de un humeante café, de un libro nuevo; sentir el frescor de la lluvia recién caída,  el olor a tierra que se escapa de un buen whisky o la fragancia de un exquisito rape a la bilbaína (Mmmm…) son obsequios que nuestra nariz registra y atesora extasiada en su memoria.

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Pero el súmmum de esta inagotable galería de seducción olfativa lo personifica sin lugar a dudas, Monsieur le parfum. (abajo de dejo quién crea mis perfumes)

Me he animado a meter la nariz en este asunto porque las cualidades que le adornan per se -es sutil, sexy, glamuroso…, despierta la imaginación y la líbido- son cualidades que casan a la perfección con el espíritu de esta sección.

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   Porque el perfume suscita una mágica atracción; esconde un lenguaje sensual propio, un código de comunicación intenso y voluptuoso que afirma y alborota la femineidad y la virilidad a golpe de variopintas y sutiles combinaciones moleculares a las que nos rendimos de rodillas. En definitiva, un interruptor perfecto para avivar el erotismo y hacer saltar chispas de pasión.

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Algunos estudios afirman que la fragancia de los polvos de talco actúa como un resorte infalible en el género femenino; la que se desprendería de una original tarta compuesta de ¡calabaza y lavanda! haría lo propio en el masculino (termino este artículo y busco mi delantal de repostera).

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En este mismo sentido, la industria perfumista puede presumir de su aguda capacidad para conectar con nuestro inconsciente. Ardua o casi imposible es la tarea de resistirse a los sugerentes y subliminales mensajes publicitarios con que nos tientan, susurrados -para mayor gozo- en francés o italiano.

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A una servidora le está apeteciendo adoptar además un fondo de pantalla para su vida que incluya alguna de los inexcusables señuelos que acompañan todo perfume que se precie: una playa paradisíaca con apacibles olas, una luminosa Tour Eiffel, una romántica campiña provenzal o un exótico palacio oriental o… quizá algo más arriesgado: ¿un modelazo de anuncio?

imagen de GTRES

Afirma Enric Corbera psicólogo experto en Bioneuroemoción, que detrás del perfume subyace el afán por marcar el territorio desde el principio de los tiempos y, por descontado, el de atraer al sexo opuesto. Y no sólo eso: éxito, seguridad, glamour o poder son también prometedores efectos que provocan su uso regular y metódico, o al menos esos son los atractivos mensajes que se destacan en su publicidad.

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 El sello de un perfume queda enmarcado por:

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A) un nombre inspirador (A light touch of sensuality, Blue seduction, Very irresistible…), B) un envase atractivo (me divierten mucho los frasquitos de Marc Jacobs) ; C) un porcentaje de concentración de esencia (parfum, eau de parfum, eau de toilette, parfum, eau de cologne, eau fraîche, voile de parfum….oh là là!), detalles que acaban haciendo de nuestra elección perfumista un ejercicio de sabiduría, intuición y conocimientos del idioma.

Por cierto, el responsable de su formato en spray quizá fue algún esclavo romano obligado a escupir perfumes en el banquete de su amo. Bonito origen.

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En ocasiones, el arte de perfumar juega con sofisticadas combinaciones, tan imaginativos y sorprendentes -grosella, kiwi, pepino, vainilla…- que casi transforman su fórmula química en una receta gastronómica o en un dulce cocktail explosivo. En cualquier caso resuelven la papeleta a San Valentín y a Papá Noel en esas fechas tan señaladas.

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La fórmula perfume=seducción no admite discusión. Aunque en un primer momento de la historia tuviera un sentido religioso y terapéutico, pronto se desprendió de él para alegría del grueso de la humanidad, transformándolo en un hechizo perfecto para alterar los sentidos y rendir voluntades.

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Cambiaron los usos y cambiaron los envases de un producto que acabó reservado a los lugares más secretos e íntimos de la anatomía. La exquisita química del perfume estaba destinada a embriagar y perturbar los deseos de sus consumidores, y esa misma premisa persiste vivaracha y actual.

La creatividad y la imaginación siempre se han puesto a su servicio para brindarnos novedosos e increíbles experimentos.

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¿Que estamos de capricho y nos apetece un viaje sideral para oler nebulosas? Un clic en la fragancia Nebulae Series, de Oliver Valverde obrará el hechizo. ¿Mejor un tour turístico oliendo ciudades? No problem. París, Nueva York, Madrid, Málaga o León pueden alardear de haber sido destiladas mimosamente en un frasquito (YSL, CH, Loewe o Jimmy Boyd lo han hecho posible).

¿Te parece poco novedoso?

Además de concentrados de feromonas que prometen disparar el sex-appeal a la enésima potencia, recreaciones de perfumes legendarios -el de la mismísima reina egipcia Hatshepsut o el de María Antonieta-, el último grito se materializa en dos curiosas experimentos: Swalloalble parfum, un perfume que se ingiere en cápsulas cual balsámico Gelocatil, y que liberado después con el sudor permite reinar poderosamente en el gimnasio.

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Y en segundo lugar, la convocatoria de fiestas de camisetas sudadas, prendas que sirven de guía para encontrar a una pareja idónea y compatible hundiendo valientemente la nariz en ellas. Menos frívolo y para no desatender el intelecto, merece la pena mencionar el libro que Chaddler Burr ha dedicado a una exquisita maison francesa, Dior, The Perfumes, un homenaje inmejorable y merecido.

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Por mi parte, me gusta que un perfume vaya con mi momento vital, que sea mi compañero de aventuras, que me recuerde mis cualidades cuando necesito agarrarme fuertemente a ellas, que sea una prolongación de mi misma… un perfume es mucho más que un buen olor o un envase irresistible.  

Captar mi esencia, mi movimiento corporal, mi energía…solo lo hace mi perfumista-alquimista personal con quien cada visita para crearme un perfume, se convierte en una experiencia absolutamente indescriptible…¡Gracias Ricardo, te adoro!

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PD. Si te apetece contarnos alguna experiencia original y personal relativa al perfume y a sus efectos, este es tu sitio. ¡Adelante, deja tu comentario!

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