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Gema Margo

Gema Margo

Reinventando La Silueta Femenina

Confirmando la melancólica evocación que Humphry Bogart elevó a los altares de la inmortalidad: “Siempre nos quedará París” (Rick Blaine dixit en la película Casablanca, en 1942), celebramos un nuevo motivo para dirigir nuestra atención y curiosidad hacia la mítica capital.

2-La mécanique des dessous, une histoire indiscrète de la silhouette

La Ciudad de la luz, ya de por sí sugerente y cautivadora, brinda estos días la guinda perfecta para coronar la rendición a sus incontables atractivos. Hasta el 24 de noviembre ha sido posible disfrutar de la exposición que el Musée des Arts décoratifs (www.lesartsdecoratifs.fr) organizó bajo el título de “La mécanique des dessous, une histoire indiscrète de la silhouette” (música para mis oídos) que testimonia la eterna obsesión por modificar el contorno natural de nuestra silueta con oscuros pretextos -estéticos, morales y sociales- y con no menos oscuros y férreos armazones, eso sí, camuflados entre blondas, encajes y lacitos. Como eterno es -y será- el alcance sensual y erótico inherente a toda prenda íntima femenina, por mucho que axfisie o constriña a su dueña; quien planeara conjurarlo con artificios y disfraces desconocía hasta qué punto lograba precisamente lo contrario, a saber, dirigir inequívocamente la mirada hacia aquello que se pretendía ocultar, acentuando un ejercicio de sutil y velado exhibicionismo.

 

La exposición ha sido un regalo para la vista de cualquier fetichista, curioso o entusiasta incondicional de la arquitectura interior femenina, del universo textil que custodia y adorna el secreto que da sentido -y alegría- a la imaginación. He aquí una oportunidad para abrir discretamente un nostálgico desván de intimidad, una excusa para desempolvar un catálogo de enseres y artificios metálicos (¿lencería acorazada?), que -salvando las distancias- admitiría con simpatía ser expuesto tanto en el escaparate de una ferretería como en el de un almacén de ortopedia, establecimientos ambos que, aunque irreemplazables, no andan por lo general muy sobrados de picardía. (Me atrevería respetuosamente a recomendar esta visita en el futuro a los profesionales ortopedistas, por cuanto pudiera servirles de sabrosa inspiración para aliviar el descorazonamiento estético de sus correctoras creaciones: un ribete por aquí, una cenefa por allá…)

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Tentados a pensar en un primer momento que podríamos encontrarnos ante el capítulo más delicado de la historia de la tortura, -por cuanto esta “mecánica” dificulta enormemente acciones tan elementales como respirar y caminar-, sería de rigor que un primer escalofrío nos recorriese el espinazo. Y es que el término “Mécanique”, a priori irreconciliable con las sutilezas tocantes a la piel, alude con acierto al espíritu que ha presidido la exposición: la habilidad técnica puesta al servicio de un perverso afán por desdibujar la silueta -realzando o borrando de un plumazo alguno de sus atributos sensuales-, labor que parece haber recogido y mejorado después con gran éxito el Photoshop, erradicando definitivamente rigideces y tormentos.

1-Corset_jean-loup-sieffEste desalmado juego de simulación y corrección de volúmenes a base de apariencias y manipulaciones, buscaba crear falsas perspectivas, engañar en definitiva al ojo humano al costoso precio de sacrificar la salud, la comodidad y la higiene, y dando al traste con argumentos tan loables como la naturalidad y la sencillez. Tan denostado empeño obtuvo rotundos resultados: acabó creando una galería de imposibles y caprichosos trastos que ciñeron y axfisiaron el cuerpo -y a buen seguro, la mente- de las damas de la alta sociedad, damas que se rindieron a las servidumbres derivadas de su posición con tal de mostrarse rectas y altaneras. En fin, servidumbres del linaje.

No obstante, -será por el barniz que imprime el tiempo-, entre tanto cachivaches y engranajes textiles y metálicos se cuela también un atractivo erótico ligado mayormente a una liturgia ya decadente, a una nostalgia de un universo perdido donde el esmero y la atención otorgado a la lencería íntima femenina nunca más se repetiría en la historia de la ropa interior femenina. El pudor y seducción reunidas en añejas estampas.

13-La silueta reloj de arena representada por Camille Clifford (Gibson Girl). 11-jean-paul-gaultier-corset-madonna 12-Christian Dior

Para compensar mi frustración por no haber podido disfrutar de la exposición in situ (grrr), he decidido conocer de primera mano la versión castiza (por cuanto tiene lugar en Madrid), que sobre este asunto de vestir los interiores femeninos aporta el Museo del Traje (www.museodeltraje.mcu.es).

9-museo_del_traje_Madrid

Por el módico precio de tres euros es posible contemplar, sumergida en una tibieza lumínica casi catedralicia, una pequeña muestra de la historia del vestido y de las estructuras que los sostenían (seguro que no desmerecen de las de nuestros vecinos galos).

Los artificios que conforman esta historia de la silueta se remontan al año 1500 a.C., fecha en que está datada la estatuilla cretense conocida como La Parisina, cuyo ceñido corpiño inaugura oficialmente la historia del corsé. A partir de ese momento, y aunque la presión se aflojó durante determinados períodos, el contorno femenino obedecería al antojo de la moda y a la severidad de la moral. Ya en la Edad Media se acentuó el entallaje, y poco a poco la estilización de la silueta determinó la desaparición del busto y la presión sobre la cintura; los volúmenes que quedaban desplazados parecían compensarse en las caderas y los glúteos, y ahí se concentró el interés de tontillos, miriñaques y polisiones por resaltarlos hasta la exageración, llegando a compartir de perfil el gracejo de una gallina. Esa amplitud otorgada a los vestidos pretendía ocultar infructuosamente la idea de desnudez y de provocación que en realidad evocaban.

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Cada época histórica escogió el foco erógeno a ocultar-: pies, hombros, piernas, brazos, cuello o vientre fueron objetivos eróticos a torturar. Las siluetas que resultaron de estos manejos recibieron la elocuente denominación de silueta en A (o de avispa) y en S. Muchos siglos tendrían que pasar hasta que el cuerpo femenino recuperara sus formas naturales y le fuese permitido moverse cómodamente. No obstante, una mirada hacia el pasado rescata oportunamente alguna de estas prendas con sofisticación y elegancia (Madonna enfundada en un corsé de J.P. Gaultier o Maya Hansen diseñando maravillosos -y mucho más cómodos- corsés). La liposucción y la lencería wonderbra hacen el resto. Definitivamente, ésta es una historia sin final.

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Volviendo al Museo del Traje, es obligado mencionar algunas de sus divertidas oportunidades, ya sea la de ajustarse un corsé e intentar seguir respirando, o la de colarse en un complicado verdugado (suficientemente revelador de mi lamentable forma física) y, por último, la de acoplarse un colosal polisón (¡eso sí que merece una foto!) para posar con la coquetería y el donaire que la mismísima Rommy Schneider derrochara interpretando a la bellísima Sissi emperatriz.

Como despedida de mi visita, una última vitrina y una última reflexión. En un pequeño, mínimo hueco, se expone una particular… ¡sandía cuadrada!, como prueba irrefutable de que el capricho o el interés -aquí el aprovechamiento del espacio- podrían constreñir las formas curvilíneas a una rígida estructura metálica y terminar modificándolas. Vamos, que en lo relativo a los tormentos sufridos por la silueta femenina… la cosa podría haber ido aún mucho peor. Mejor no dar ideas.

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1 comentario en «Reinventando La Silueta Femenina»

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