La vinculación ancestral de las mujeres al concepto del mal


Querida amiga, hoy te comparto este esclarecedor e interesante trabajo que ha realizado una de las alumnas del Plan de Formación de Empoderamiento y Sensualidad Femeninas «LA MUJER SALVAJE». 

Paula nos regala esta investigación y reflexión que nos invita a comprender la relación que desde tiempos ancestrales vincula a la mujer con el concepto del mal. 

Vivir en esta dañina vinculación nos ha llevado desde entonces a condicionar nuestros cuerpos, relaciones, elecciones… en definitiva, la construcción de nuestras vidas. 

El conocimiento y la comprensión de nosotras mismas nos hace ser libres. Siéntate un ratito tranquila y disfruta de esta esclarecedora lectura que te aseguro que no te dejará indiferente. 

 

Hablar del mito de la inferioridad femenina como una de las banderas que ha liderado siglos de represión sobre nuestro género, requiere pasar primero por el análisis de la relación que se ha dado desde diversas ópticas religiosas en diferentes épocas, entre la mujer y el mal.

Parece el título de una película de terror, pero no es así, el género femenino ha estado vinculado ancestralmente en diversas culturas con la debilidad del alma, el pecado, lo pagano, incluso con la culpa de la caída del hombre de su rango divino.

Se ha considerado que el mal es producto de la incapacidad del ser humano de controlar sus pasiones, por lo mismo ha sido asociado a la debilidad de la naturaleza humana y de esta manera se llega a que el sexo más débil debido a su emocionalidad y carácter pasional es el femenino. 

¿Qué pasó entonces con la teología feminista? ¿Con las diosas consideradas sabias y sagradas?

Sabemos que hay evidencia de que, en la civilización antigua, a partir del neolítico existía la idea de una diosa sin compañero o equivalente masculino, se hablaba de la diosa madre, dadora de vida, unida a la tierra y a la energía creadora.

De otra parte, tanto en él génesis de la cultura hebrea, como en la teoría de Platón se reconoce el concepto de la materia primitiva, presente al momento del origen del mundo a la que le dio forma un Dios que crea en primer término a un ser perfecto y luego un ser de jerarquía inferior, el hombre que era superior, representará la conexión con lo divino y la mujer, considerada inferior, la conexión con lo material.

Luego ya, con la teología cristiana se hace aún más tangible y clara la relación entre el pecado y la mujer. Religión monoteísta y patriarcal que fortaleció la idea de que la caída del hombre se dio por la maldad y avaricia femenina, logrando silenciar por siglos las viejas creencias y prácticas espirituales de las diosas madres.1

Revista Notas y discusiones. Edición 6 1992. Articulo: La mujer y el mal. Autor Graciela Hierro.

¡Aquí surge una de nuestras más grandes trampas! Porque fue precisamente la teología cristiana, la que engendró la creencia según la cual: lo único que salva a la mujer de su maldad innata y mancha primigenia, es su capacidad de ser madre, de cuidar y nutrir a otros, es decir solo en el rol de madres, que sirven a necesidades ajenas podrán limpiar su naturaleza malévola y encontrar salvación divina.

Pero por la ley de los contrarios, el bien requiere del mal y el hombre de la mujer. Para satisfacer sus deseos, para perpetuar su estirpe, la mujer es indispensable. Por ello hay que conferirle un lugar en el orden social, en tanto que acepte el orden social establecido por los hombres y no intente cambiarlo.Sólo asi podrá recobrar su valor perdido… Será la virgen, casta y obedienteesposa, madre de Dios y de los hombres2

Mujer bondadosa será la obedientela madre que vive una vida de servicio.

Mujer malvada, será la bruja, hechicera, aquella que se deje seducir por la pasiónlos asuntos carnales, sexuales, la que disfrute su cuerpo, la independiente, la ideóloga, filósofa, líder social o activista, esa que ya no anhela la maternidad ni el matrimonio como única vía de realización.

 

Beauvoir, 1939,pp.231 y ss.

Cuantas mujeres no se sienten identificadas en su interior con esta creencia irracional de sentirse buenas solo cuando viven para otros y por otros, anticipándose a necesidades ajenas, en el rol de madres o compañeras de alguien.

Pensarnos solas ha sido sinónimo de destierro y en nuestro inconsciente colectivo está sembrado el pánico al exilio del clan, de la tribu que es nuestra familia y círculo social que concibe solos dos tipos de mujeres: ¡La buena y la mala!

La primera será aquella que se convierta en el ángel del hogar, la crianza abnegada de los hijos y cuidado del marido, la segunda aquella que no cumpla con alguna de las anteriores exigencias.

Muchas mujeres han renunciado a la exploración de su sexualidad por miedo a ser señaladas como una de aquellas mujeres desterradas, condenadas por Dios y por el hombre, no pocas se han quedado inmóviles y estancadas académica y profesionalmente por el miedo a brillar más que su pareja o ser recriminadas por su familia.

¡Miedo al éxito! ¡Si señores! Nuestra más grande trampa ha tenido origen en la creencia irracional y primitiva de ser buenas o malas en función de si elegimos un papel secundario, de segundo grado en jerarquía, de servicio a otros, de acompañamiento y dependencia o si por el contrario decidimos brillar sin miedo, descubrir nuestros dones y ponerlos al servicio de nosotras mismas primero que todo.

Construir nuestro propio camino, supone decir no muchas veces, salir de casa para abrirnos a otros mundos y formas de pensar, para adquirir nuevos conocimientos, requiere la exploración del cuerpo y el alma, lejos de la mirada juzgadora del clan.

Pero también exige soltar el miedo al repudio, a desagradar y no ser aceptadas, porque sin duda lo sentiremos y aunque da mucho miedo, seguir adelante es un llamado al que necesitamos responder, con la esperanza de dejar un mundo mas tolerante, con mayor consciencia de valor de lo femenino en una sociedad.

Valores como la creatividad, flexibilidad, contención, intuición, empatía, nutrición emocional son esencialmente femeninos y necesitan ser reivindicados principalmente por nosotras mismas, y somos las primeras que debemos dar importancia y jerarquía a aquello.

No es una utopía pensar en una sociedad que supere la desigualdad de género, desde la sanación e integración de lo femenino y masculino, sin hablar de seres superiores o inferiores, hablamos de complementariedad, porque solo la union de ambos puede dar origen a la vida.

Paula Liliana Gónzalez Gómez 

Acompañante en Bioneuroemocion ® 

Coach en Programación neurolingüística

2 comentarios en “La vinculación ancestral de las mujeres al concepto del mal”

  1. Estupenda entrada. Está claro que las mujeres nos sentimos en general más culpables y menos merecedoras de éxito que los hombres. Y aunque nuestra razón nos diga que no hay motivos, la inquietud interna que experimentas cuando haces lo que quieres y no lo que quieren o necesitan los demás está grabada en cada célula. No es fácil deshacerse de ella.

    • Muy cierto Mer, las mujeres hemos de abrazar nuestro poder creador y sentirnos merecedoras de la abundancia del Universo.
      Merecer y disfrutar, no hemos de olvidar esto.
      Un abrazo enorme y gracias por tu comentario 🙂

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